TC en urgencias pediátricas: más de la mitad de las solicitudes no son apropiadas

por May 21, 2026Tomografía0 Comentarios

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Los niños son más vulnerables que los adultos a los efectos de la radiación ionizante. Su mayor radiosensibilidad y su larga esperanza de vida tras la exposición los convierten en una población de riesgo particular. Por eso, la adecuación de los estudios de imagen en pediatría no es solo una cuestión de eficiencia: es una cuestión de seguridad del paciente.

Un estudio observacional publicado en Emergency Radiology analizó las solicitudes de imagen diagnóstica para patología neurológica en el servicio de urgencias de un hospital pediátrico italiano.

Los resultados muestran un patrón de sobreutilización de TC que merece atención, especialmente en escenarios clínicos donde existen alternativas bien sustentadas.

El equipo revisó 462 solicitudes consecutivas de imagen diagnóstica para patologías neurológicas en urgencias: ataxia, dolor de espalda, enfermedad cerebrovascular, traumatismo craneal, cefalea y crisis convulsivas.

Cada solicitud fue evaluada según los criterios de adecuación del panel pediátrico del Colegio Americano de Radiología, que clasifica los procedimientos como “generalmente apropiado”, “puede ser apropiado” o “generalmente no apropiado”.

El sistema de clasificación es robusto: cubre más de 230 temas de imagen diagnóstica e intervencionista, con más de 3.000 escenarios clínicos distintos. Su aplicación en urgencias pediátricas permite medir con precisión la brecha entre la práctica real y la evidencia disponible.

De las 462 solicitudes, el 25% fue descartada desde el inicio por información clínica insuficiente o ambigua.

Sobre las 348 solicitudes con datos completos, el 54% fue clasificado como “generalmente no apropiado”, el 29,9% como “puede ser apropiado” y solo el 16,1% como “generalmente apropiado”.

Las TC concentraron el mayor problema: el 53,9% de las solicitudes de TC resultaron no apropiadas. Los escenarios con mayor tasa de inadecuación fueron las crisis convulsivas (87,1%), la cefalea (57,7%) y el traumatismo craneal (41,7%). En cambio, las solicitudes de RM resultaron apropiadas con mayor frecuencia que las de TC.

En casi nueve de cada diez solicitudes de TC por crisis convulsivas, el estudio no estaba justificado según criterios basados en evidencia. Es el hallazgo más contundente del análisis.

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es la alta proporción de solicitudes sin información clínica suficiente. En casos de cefalea, más del 43% carecía de datos adecuados.

Muchas solicitudes se limitaban a frases como “examen solicitado por especialista en neurología”, sin incluir duración, intensidad, síntomas acompañantes ni sospecha diagnóstica.

Los autores señalan que toda solicitud de imagen debería incluir tres elementos: la pregunta clínica que se busca responder, la localización de signos y síntomas cuando corresponda, y los antecedentes clínicos relevantes.

La ausencia de estos datos no solo dificulta la clasificación de adecuación, sino que también impide que el radiólogo sugiera alternativas diagnósticas más apropiadas.

El estudio no fue diseñado para identificar causas, pero sus autores mencionan varios factores documentados en la literatura.

La medicina defensiva ocupa un lugar central: el temor a litigios en contextos de urgencia lleva a solicitar estudios más allá de lo que indica la evidencia. Se estima que esta práctica explica cerca de una cuarta parte del gasto total en imagen diagnóstica.

Otros factores incluyen la presión de familias o pacientes, el acceso limitado a alternativas como RM o ecografía, la sobrecarga del servicio de urgencias y la creencia de que la imagen es imprescindible para el diagnóstico. En muchos casos, la observación clínica sería suficiente.

Reducir el uso innecesario de TC en pediatría no requiere solo guías: requiere comunicación efectiva entre médicos de urgencias y radiólogos, y tiempo para tomar decisiones basadas en evidencia.

Una lectura para la práctica en imágenes pediátricas

El estudio tiene limitaciones: fue realizado en una sola institución, la evaluación estuvo a cargo de un solo operador y no se registraron los estudios efectivamente realizados tras la solicitud.

Aun así, los resultados son consistentes con lo reportado en la literatura internacional, donde las tasas de inadecuación en TC pediátrica oscilan entre el 20% y el 54%.

El principio ALARA —minimizar la exposición a radiación a niveles razonablemente alcanzables— es un eje central de la radiología pediátrica. Aplicarlo no depende solo de protocolos de baja dosis: depende también de que los estudios solicitados estén indicados.

Cuando la TC no es la herramienta adecuada, la mejor estrategia de optimización de dosis es no realizarla.

Para más detalles puede visitar Emergency Radiology.

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