El tamizaje oncológico es una de las intervenciones preventivas con mayor respaldo en medicina. En los tres cánceres más frecuentes en mujeres, la detección temprana modifica sustancialmente el pronóstico.
Sin embargo, la cobertura real de los programas de tamizaje está lejos de ser universal, incluso en sistemas de salud con infraestructura diagnóstica desarrollada.
Un estudio transversal retrospectivo publicado en JAMA Network Open analizó datos de 68.111 mujeres de entre 46 y 64 años provenientes de la Encuesta de Vigilancia de Factores de Riesgo del Comportamiento realizada en 2024.
El objetivo era estimar cuántas mujeres de esa franja etaria no estaban al día con el tamizaje de cáncer de mama, cuello uterino y colorrectal, y qué factores se asociaban con ese rezago.
Solo el 50,3% de la cohorte estaba al día con los tres tamizajes. Proyectado a la población general, eso equivale a 17,9 millones de mujeres con al menos un estudio pendiente. De ese total, el 42,4% tenía rezago en más de un tamizaje, y 3,2 millones no habían realizado ninguno de los tres.
Entre quienes tenían un solo estudio pendiente, el colorrectal fue el más frecuentemente omitido: representó el 58% de los casos, frente al 22% del tamizaje mamario y el 20% del cervical.
De las 12,6 millones de mujeres con tamizaje colorrectal pendiente, más de la mitad también estaba rezagada en al menos otro de los dos estudios restantes.
El acceso a atención preventiva regular fue el predictor más fuerte de cumplimiento. Las mujeres que habían tenido una consulta de bienestar en el último año tenían el doble de probabilidad de estar al día con todos los tamizajes.
Más del 80% de quienes estaban al día con algunos estudios, pero no con todos, también había tenido ese tipo de consulta en el año previo. La visita preventiva anual funciona como puerta de entrada al tamizaje, no solo como control de salud general.
El tipo de cobertura de salud también fue determinante. Las mujeres con seguro privado tenían un 54% más de probabilidad de estar al día en comparación con quienes no tenían cobertura.
La edad mostró una relación no lineal: las mujeres de 60 a 64 años tenían un 57% más de probabilidad de cumplimiento que las de 45 a 49, y las de 50 a 54 años un 36% más. El grupo más joven de la franja analizada es el que concentra el mayor rezago relativo.
Las mujeres que tuvieron una consulta preventiva en el último año duplicaron su probabilidad de estar al día con todos los tamizajes. El contacto con el sistema de salud es, en sí mismo, una intervención preventiva.
El análisis identificó diferencias significativas según origen étnico. Las mujeres indígenas americanas y las de origen asiático o de las islas del Pacífico tuvieron un 14% menos de probabilidad de estar al día con los tres tamizajes en comparación con las mujeres blancas.
El estudio no exploró los mecanismos detrás de esas diferencias, pero los resultados son consistentes con la literatura sobre barreras de acceso, desconfianza institucional y representación desigual en los sistemas de salud.
Lo que estos datos implican para el diagnóstico por imágenes
Para los servicios de imagen, el tamizaje mamario es el más directamente relevante. La mamografía es el eje de los programas de detección de cáncer de mama en mujeres de esta franja etaria, y los datos del estudio sugieren que una parte considerable de la población objetivo no llega a los servicios de imagen con la frecuencia recomendada.
El estudio no aborda las causas de ese rezago desde el punto de vista del sistema de imagen, pero sus hallazgos refuerzan la importancia de los programas de convocatoria activa y del papel del radiólogo como actor en la cadena de salud preventiva, no solo diagnóstica.
La brecha no es técnica: es de acceso, continuidad y contacto con el sistema.
Estimar cuántas personas no llegan al tamizaje es tan importante como mejorar la precisión diagnóstica de los estudios. Sin cobertura, la tecnología disponible no alcanza a quienes más la necesitan.
Una lectura para la práctica en tamizaje oncológico
El estudio tiene limitaciones propias de su diseño transversal: no permite establecer causalidad ni hacer seguimiento longitudinal. Los datos provienen de autorreporte, lo que introduce sesgo de memoria.
Y sus resultados corresponden al sistema de salud estadounidense, con características de acceso y cobertura que no son directamente trasladables a América Latina.
Aun así, el patrón que describe, concentración del rezago en los grupos más jóvenes de la franja de riesgo, acumulación de estudios pendientes en una misma persona y efecto protector de la consulta preventiva regular, es relevante para pensar los programas de tamizaje en cualquier contexto.
La pregunta no es solo qué estudios hacer, sino cómo garantizar que lleguen a quienes los necesitan.
Para más detalles puede visitar JAMA Network Open.
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