2025 en Tomografía Computada: IA, radiomics, LDCT y conteo de fotones

por Ene 2, 2026Tomografía

Tomografía 2025: radiomics, IA y nuevos biomarcadores que están cambiando la práctica

En 2025, la tomografía computada dejó de ser solo una herramienta anatómica para convertirse en una plataforma de predicción, triage e integración de biomarcadores.

La combinación de radiomics, deep learning y adquisición de baja dosis empujó el campo hacia decisiones más personalizadas.

Del mismo modo, la cardiología por TC ganó terreno con automatización y tecnologías emergentes como el conteo de fotones. Este repaso reúne los highlights más representativos del año, con links directos a cada nota.

Riesgo antes del nódulo visible

Uno de los giros de 2025 fue usar TC de baja dosis (LDCT) para estimar riesgo, no solo para “buscar lesiones”. La radiomica aplicada a LDCT se exploró como vía para predecir riesgo de adenocarcinoma pulmonar, extrayendo patrones cuantitativos invisibles a la lectura convencional.

En la misma línea, un modelo de deep learning en LDCT apuntó a mejorar la predicción de cáncer de pulmón en población de alto riesgo. 

Cribado más eficiente con pre-filtro

El “cuello de botella” del tamizaje no siempre es técnico, sino operativo.

En 2025 se discutió la IA como pre-filtro para LDCT: un enfoque que busca descartar exámenes claramente negativos y concentrar el tiempo experto en estudios con señales de riesgo.

La idea se posicionó como estrategia de eficiencia para programas poblacionales, con potencial para reducir carga de lectura sin sacrificar seguridad diagnóstica.

Segmentación como puerta a modelos clínicos

La segmentación automática dejó de ser “solo un atajo” y pasó a ser infraestructura para investigación y práctica. Un estudio revisado en RadiologíaLatam mostró que la IA en TC puede aumentar sensibilidad y reducir tiempos de segmentación de tumores pulmonares, habilitando métricas más reproducibles.

Sobre esa base, otro trabajo propuso un modelo predictivo para estratificar riesgo de recurrencia en NSCLC usando información derivada de CT.

TC como biomarcador del “estado del paciente”

Un highlight clínico fue consolidar la TC como herramienta para medir más que tumor.

En NSCLC resecable, el análisis de composición corporal (grasa intermuscular y masa muscular) se asoció a desenlaces: un índice de grasa intermuscular alto se vinculó con mayor riesgo de peor supervivencia, mientras que mayor masa muscular tuvo efecto protector.

Además, un modelo combinado (clínica + composición corporal) mejoró la precisión pronóstica a 1 y 3 años.

Vidrio esmerilado: vigilancia que compite con cirugía

Los nódulos en vidrio esmerilado obligan a decisiones finas, porque muchos crecen lento y no todos requieren cirugía temprana.

En 2025, un estudio con seguimiento prolongado reforzó que la vigilancia con TC puede ofrecer resultados comparables a la cirugía en escenarios seleccionados, con datos reportados a 10 años.

El valor del año fue clínico: protocolizar quién vigilar, con qué intervalo y qué cambios disparan intervención.

Un signo para nódulos sólidos más difíciles

Cuando el nódulo es sólido, el desafío suele ser separar benignidad de malignidad con señales sutiles.

En 2025 se destacó el signo vascular en TC como criterio que puede mejorar la precisión diagnóstica para diferenciar nódulos pulmonares sólidos, con impacto en sensibilidad y especificidad reportadas en la literatura.

Este tipo de hallazgos revaloriza la semiología clásica, pero con evaluación más sistemática y reproducible.

Enfisema en LDCT: un dato que predice décadas

Otra línea potente fue el uso “oportunista” de LDCT: aprovechar un estudio indicado por cribado para sumar prevención respiratoria.

En una cohorte de fumadores, el enfisema basal en LDCT se asoció con mayor mortalidad por EPOC y aumento de mortalidad total a 25 años, con un efecto reportado como clínicamente relevante.

El aprendizaje fue operativo: si ya existe la imagen, falta estandarizar reporte y derivación.

Ultra baja dosis para infecciones con apoyo de IA

En el terreno infeccioso, la pregunta fue clara: ¿se puede bajar dosis sin perder diagnóstico?

Un trabajo resumido en 2025 mostró que la IA puede mejorar la calidad en TC torácica de ultra baja dosis y permitir detección de neumonía con precisión comparable a protocolos estándar en el escenario evaluado.

Este enfoque puede ser especialmente valioso en contextos de alta demanda o seguimiento seriado.

CCTA post-COVID: más que “secuelas”

La cardiología por TC también tuvo un año intenso. Un reporte revisado en RadiologíaLatam vinculó COVID-19 con progresión de aterosclerosis y rasgos de placas potencialmente más inestables en pacientes con enfermedad coronaria, evaluados con angiografía coronaria por TC (CCTA).

El aporte 2025 fue conectar un antecedente infeccioso con marcadores estructurales que podrían modificar prevención y seguimiento.

IA en CCTA: CAD-RADS como lenguaje operativo

En paralelo, la IA aplicada a CCTA se enfocó en tareas de alto impacto: descartar enfermedad coronaria con alta precisión y estandarizar reportes según esquemas clínicos como CAD-RADS.

El valor práctico es doble: apoyar triage (especialmente en baja probabilidad pretest) y reducir variabilidad interlector, siempre que se mantenga auditoría y calibración local.

Biomarcadores oportunistas: del páncreas al calcio coronario

La TC también ganó terreno como fuente de biomarcadores metabólicos.

En 2025 se revisó el uso de biomarcadores pancreáticos por atenuación para predecir diabetes tipo 2, con buena concordancia entre algoritmos, apoyando la idea de screening oportunista en estudios ya realizados.

En el eje cardiovascular, el calcio coronario volvió a posicionarse como predictor robusto, con datos de seguimiento prolongado.

Conteo de fotones en pediatría: dosis y detalle

La innovación tecnológica más tangible fue la TC con conteo de fotones (PCCT).

En cardiopatías congénitas pediátricas, se destacó una reducción superior al 40% de dosis sin pérdida de utilidad diagnóstica, un punto crítico para pacientes que requieren múltiples controles.

Más allá de la cifra, el mensaje 2025 fue estratégico: menor dosis y mayor resolución abren nuevas ventanas para cardiología estructural.

Lo que deja 2025 para la agenda clínica

Los avances de 2025 en TC no se explican por una sola tecnología. Son el resultado de integrar radiomics, IA y baja dosis con preguntas clínicas concretas: riesgo, recurrencia, vigilancia y prevención.

El desafío inmediato es operativo: estandarizar métricas, validar en poblaciones diversas y definir cuándo un biomarcador “extra” debe cambiar conducta. Si ese puente se consolida, la TC de 2026 puede ser menos reactiva y más anticipatoria.

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