Los tiempos de entrega de los informes radiológicos suelen ser un indicador silencioso de capacidad. Cuando aumentan, el impacto no se limita a la agenda del servicio: puede traducirse en demoras para decisiones clínicas y más incertidumbre para pacientes.
Un estudio publicado en el Journal of the American College of Radiology analizó este fenómeno en la atención ambulatoria de Estados Unidos y detectó un cambio brusco en los últimos años del período evaluado.
Una base nacional para medir demoras reales
El trabajo revisó casi 2,6 millones de estudios de imagen realizados a beneficiarios de Medicare en modalidad ambulatoria (consultorios y hospital outpatient) entre 2014 y 2023.
La muestra incluyó radiografías y fluoroscopía como mayoría, además de tomografía computada, resonancia magnética y ecografía. Los autores calcularon el tiempo entre la adquisición del estudio y su interpretación, a partir del cruce de reclamos técnicos y profesionales.
Una curva plana que se volvió “palo de hockey”
Entre 2014 y 2021, el promedio general se mantuvo relativamente estable. A partir de 2022 aparece el quiebre: la subida total en la década se concentró en forma desproporcionada en 2022 y 2023.
En la lectura del instituto que lideró el análisis, el gráfico “parece un palo de hockey”: años con variaciones menores seguidos por un ascenso abrupto.
De horas a casi el doble de espera
Traducido a tiempos cotidianos, el promedio global pasó de un valor cercano a 2 horas a un valor cercano a 4 horas y media hacia 2023. En el conjunto total, la demora media más que se duplicó a lo largo del período.
El estudio destaca que, aunque la mayoría de los exámenes siguieron interpretándose el mismo día, creció la proporción que se informa al día siguiente o más tarde.
El salto fue mayor en TC y RM
El aumento no fue homogéneo por modalidad. El crecimiento relativo fue más marcado en TC y RM, por encima de ecografía y radiografía. En otras palabras, la demora creció más en los estudios que suelen implicar mayor complejidad de lectura y mayor volumen de imágenes por examen.
Esta diferencia por modalidad es uno de los argumentos que los autores usan para discutir carga de trabajo y límites operativos.
El día siguiente se volvió más frecuente
Más allá del promedio, el estudio describió un cambio de comportamiento: aumentó en forma sostenida la fracción de estudios interpretados “next-day or later”.
Ese corrimiento es relevante porque indica pérdida de “margen” en el flujo de lectura: cuando se elimina el tiempo colchón, los atrasos se encadenan y el informe se posterga aunque el examen ya esté hecho.
Ingresos y desigualdad en tiempos de informe
El análisis también observó diferencias por contexto socioeconómico. Los tiempos fueron mayores en comunidades de menores ingresos y el aumento reciente amplificó esa distancia.
El instituto resume el hallazgo como un “efecto secundario” del estrés operativo: la demora crece en todos los grupos, pero más en los que ya partían de peores tiempos.
Los autores interpretan el quiebre como posible señal de capacidad al límite, en un escenario de mayor demanda y escasez de radiólogos.
También señalan que la investigación se restringió a la práctica ambulatoria, ya que la urgencia y la internación suelen priorizarse para lectura. El trabajo deja abierta la necesidad de seguir midiendo cuando haya datos más recientes disponibles.
Para más detalles: Journal of the American College of Radiology.
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