La radiología transformó el diagnóstico y el tratamiento en las últimas décadas. Pero esa misma capacidad tecnológica tiene un costo ambiental que ya no se puede ignorar.
El consumo eléctrico de equipos avanzados, el uso de materiales descartables y la gestión de residuos colocan a imagenología entre los grandes “puntos calientes” del hospital. Un enfoque de sostenibilidad en radiología permite reducir emisiones y desperdicio sin comprometer seguridad ni calidad asistencial.
Huella ambiental de la radiología
Se estima que el sector salud aporta cerca del 5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. En radiología, el impacto se concentra en dos frentes: energía y consumo de insumos.
Un procedimiento intervencionista puede generar una carga relevante de CO₂ equivalente y varios kilos de residuos. La demanda creciente de estudios amplifica el problema. Por eso, la sostenibilidad en radiología no es un “extra”: es una línea de gestión clínica y operativa.
Residuos que no se ven en la práctica diaria
En radiología intervencionista, la huella ambiental no depende solo del acto clínico. También influyen los embalajes, los kits de un solo uso, los elementos de barrera y los fármacos y contrastes.
A esto se suma la contaminación de efluentes por contraste iodado y agentes con gadolinio eliminados por el paciente. El resultado es un circuito de alto consumo y alto descarte, donde pequeñas decisiones repetidas a diario tienen impacto acumulado.
Segregación correcta: menos contaminación y menos costo
Un problema frecuente es mezclar residuos peligrosos con no peligrosos. Esto incrementa contaminación y costos, porque el residuo biológico es mucho más caro de tratar.
La evidencia muestra que en áreas procedimentales una gran proporción del descarte termina rotulado como “biohazard” sin necesitarlo.
Protocolos simples ayudan: definir qué va a bolsa clínica solo cuando está visiblemente saturado de sangre, reforzar señalética y entrenar al equipo. La calidad del descarte también es seguridad.
Materiales y contrastes: optimizar sin perder seguridad
La primera palanca es el rediseño de insumos. Priorizar dispositivos reutilizables cuando sea posible, buscar alternativas con menor impacto y sostener programas de reciclaje reduce volumen de residuos.
En contraste, el pasaje de frascos monodosis a multidosis y la dosificación por peso son medidas concretas que disminuyen desperdicio. Estos cambios requieren acuerdos con compras, farmacia y proveedores, además de auditoría interna para sostenerlos.
Energía: el kilovatio invisible del servicio
La climatización suele ser el mayor contribuyente de emisiones dentro del hospital.
En radiología, además, los equipos consumen energía incluso en modo espera. Apagar estaciones y monitores no utilizados, optimizar iluminación y usar modos de “standby” reales puede reducir consumos de forma marcada.
También cuenta el diálogo con la industria: nuevos sistemas incorporan diseños más eficientes, y en RM aparecen soluciones de refrigeración que reducen requerimientos de helio y demanda operativa.
appliedradiology.com
Una agenda sostenible con criterio clínico
La sostenibilidad también se juega en la pertinencia. Revaluar indicaciones evita estudios de bajo valor y reduce emisiones asociadas a CT y RM.
Esto no significa “hacer menos por hacer menos”, sino hacer lo correcto: protocolos ajustados, ALARA cuando aplica, y decisiones basadas en riesgo–beneficio.
La inteligencia artificial puede ayudar a optimizar flujos y tiempos de escaneo, pero también consume energía para entrenar modelos. Es una herramienta potente, si se usa con estrategia y medición.
Este artículo se basa en el estudio publicado en Applied Radiology.
0 comentarios