El uso de tomografía de cráneo en emergencias se duplicó en 15 años: nuevas tendencias y brechas en el acceso
La tomografía computada de cráneo es una herramienta esencial en los servicios de emergencias para evaluar traumatismos, accidentes cerebrovasculares y otras urgencias neurológicas. Sin embargo, su utilización creciente plantea desafíos en términos de recursos, exposición a radiación y equidad en el acceso.
Un nuevo estudio publicado en Neurology revela que el uso de TC de cráneo en departamentos de emergencia (ED) en Estados Unidos más que se duplicó entre 2007 y 2022, acompañado por disparidades significativas entre grupos poblacionales.
Una tendencia sostenida al alza
El análisis, basado en datos nacionales del National Hospital Ambulatory Medical Care Survey, comparó la proporción de consultas de emergencia que incluyeron una TC de cráneo a lo largo de 15 años. Los investigadores encontraron un aumento sostenido que llevó este estudio a representar más del 10 % de las consultas en 2022.
Este incremento refleja patrones ya observados en otros tipos de TC en emergencias, como tórax, abdomen y estudios multirregionales.
Las razones detrás de esta tendencia incluyen el envejecimiento de la población, el aumento de la complejidad de los casos y la expansión de tratamientos como la trombectomía mecánica, que requieren confirmación angiográfica o neuroimagen inmediata.
El impacto del envejecimiento poblacional
El estudio destaca que una proporción creciente de TC corresponde a pacientes mayores de 65 años. Este grupo presenta mayor riesgo de traumatismos, caídas, anticoagulación y enfermedades vasculares, factores que incrementan la necesidad de neuroimagen urgente.
Además, las guías clínicas suelen recomendar TC precoz en adultos mayores ante síntomas neurológicos inespecíficos, lo que amplía su uso en este sector etario.
La combinación de fragilidad, comorbilidades y aumento de la expectativa de vida sostiene este crecimiento.
Variaciones regionales y factores clínicos
El uso de TC de cráneo fue más frecuente en hospitales del sur y del medio oeste de Estados Unidos. Estas regiones coinciden con la denominada “stroke belt”, caracterizada por una incidencia más alta de enfermedad cerebrovascular.
La necesidad de descartar hemorragias, trombosis o lesiones estructurales aumenta la utilización de la tomografía en estos escenarios.
Los autores también señalan que la adopción más amplia de intervenciones basadas en neuroimagen, como la selección de candidatos para trombectomía, puede haber contribuido al uso creciente en estas áreas geográficas.
Disparidades persistentes en el acceso a la TC
A pesar del aumento global, el estudio revela desigualdades significativas en el acceso a la TC de cráneo. Los pacientes afroamericanos, aquellos con cobertura de Medicaid y los atendidos en hospitales rurales fueron menos propensos a recibir este estudio.
Incluso entre quienes sí se sometieron a neuroimagen, las demoras fueron mayores en mujeres, pacientes mayores y personas con cobertura pública.
Estas brechas reflejan inequidades estructurales del sistema de salud que no se corrigen únicamente con el aumento global de estudios realizados. Las diferencias pueden vincularse con variaciones en recursos hospitalarios, sesgos implícitos, disponibilidad de especialistas y barreras geográficas.
Costo, rendimiento diagnóstico y necesidad de revisión
El crecimiento sostenido en el uso de TC de cráneo plantea preguntas sobre su rendimiento real en emergencias y sobre cómo equilibrar beneficios, costos y riesgos.
La TC implica exposición a radiación y contribuye al tiempo de permanencia en emergencias, en especial cuando los volúmenes son elevados.
Los autores sugieren que futuras investigaciones deberían analizar la relación entre la cantidad de estudios realizados y su impacto clínico, incluyendo diagnósticos positivos, cambios en la conducta terapéutica y prevención de complicaciones.
Se trata de un paso crucial para optimizar protocolos y priorizar la atención basada en valor.
Un panorama en transformación
El incremento en el uso de la TC de cráneo refleja avances en el cuidado neurológico de urgencia, pero también revela desafíos en la distribución equitativa de recursos.
Entender cómo y por qué se solicita este estudio permite diseñar estrategias que mejoren la eficiencia del sistema, reduzcan los retrasos y garanticen que la neuroimagen de emergencia esté disponible para quienes más la necesitan.
Para más destalles puede visitar Neurology.
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